birbuçuk

Programa Solunum (Respiración) I — 2017–2019
Programa Solunum (Respiración) I — 2017–2019 7 de octubre de 2017

FRONTERAS

Límites planetarios, límites sociales, cruces de fronteras

Participantes: Neşe Özgen, Murat Can Tonbil, Alper Şen, Hale Tenger, Serkan Taycan, Evrim Kavcar

Moderadores: Serkan Kaptan, Yasemin Ülgen, Ayşe Ceren Sarı

El proyecto birbuçuk realizó su cuarta respiración con el tema de las fronteras. 7 de octubre de 2017, Estambul. Las frases surgidas de la conversación, abiertas a la reflexión y al uso, fueron editadas por nosotros. Siguiendo el modelo de artículos académicos, preferimos presentar el texto del encuentro como una producción colectiva. Las identidades de los participantes se indican al inicio; por fluidez, las voces fueron anonimizadas y transformadas en un discurso colectivo.

LOS DOS LADOS DE LA FRONTERA

Cuando decimos frontera, lo primero que viene a la mente es una línea — una línea delgada sobre un mapa. Pero una vez que intentas cruzar esa línea, comprendes que la frontera no es una línea sino una experiencia. Deja huella en el cuerpo, se transmite a través de generaciones, altera el curso del agua, reescribe la memoria de la tierra. La frontera no es solo geográfica; es simultáneamente ficción jurídica, aparato militar, máquina económica, herida psíquica, categoría identitaria y experiencia corporal — todo al mismo tiempo.

El movimiento a lo largo de las fronteras no está distribuido equitativamente. Algunos se mueven libremente — privilegio de visa, movilidad del capital. Otros son obstaculizados o criminalizados — migrantes, pobres, cuerpos racializados. La pregunta siempre es: ¿Quién se mueve? ¿Bajo qué condiciones? ¿Con permiso de quién?

Mi abuelo fue deportado. Mi padre se convirtió en refugiado. Yo crecí con un miedo que no podía nombrar. Las fronteras atravesaron cuerpos, generaciones.

Para comprender las políticas fronterizas hay que preguntar primero qué hace la frontera. ¿Quién la puso? ¿Es real o impuesta? ¿Qué posibilita esta frontera y qué imposibilita? Las fronteras no solo restringen el movimiento; determinan quién será qué. Un "ciudadano fronterizo" es un ser diferente de un sujeto sin fronteras. Las fronteras producen categorías — refugiado, migrante, ciudadano, Otro. Cada relato de cruce fronterizo reafirma la propia frontera. "Crucé la frontera" o "quedé atrapado en la frontera" — ambas afirmaciones refuerzan la realidad de la frontera. ¿Y si habláramos de los comunes? Durante miles de años, los seres humanos vivieron en tierras compartidas.

Solo en los últimos cincuenta a quinientos años estas tierras fueron nacionalizadas, cercadas, delimitadas. Cuando decimos "migrante," en realidad hablamos de personas cuyos comunes fueron robados — de personas fundamentalmente desplazadas, no simplemente. Rescatar la memoria de lo común antes de las fronteras desestabiliza la naturalidad de las fronteras.

PLEGARIA POR LA LLUVIA Y JUSTICIA

Alguien que habla de los límites del periodismo nos lleva a un lugar completamente diferente: a las aldeas de Anatolia que sufren la sequía. Lo que encuentra al investigar la tradición de la plegaria por la lluvia es mucho más que un ritual meteorológico.

Se recoge comida, se cocina colectivamente, se lleva a la casa de la familia más pobre de la aldea. El anciano dice: 'Quizá por estos pequeños animales Dios acepte nuestra oración.' Esto es justicia no como concepto, sino como práctica vivida. La sacralización de la interdependencia.

La plegaria por la lluvia es en realidad una práctica fronteriza — se sitúa en la frontera entre lo visible y lo invisible, lo científico y lo espiritual, lo individual y lo colectivo. Quien la investiga la descubrió mientras hacía periodismo climático. Se encuentra entre el periodismo profesional y el activismo, entre la recolección neta de información y el vivir con la incertidumbre. No puede permanecer dentro de las fronteras profesionales del mundo de las noticias porque lo que cuenta desborda esas fronteras. Recopila información precisa sobre muros, represas, conflictos — pero siempre lleva una ambigüedad sobre qué hacer con esa información.

En momentos de crisis hay claridad — muro, represa, conflicto; visible, documentable. La crisis produce proyectos. Pero fuera de la crisis, la ambigüedad lo invade todo y la sensación de dispersión crece. ¿Cómo se permanece en esa ambigüedad? Si la falta de solución no es parálisis, quizá sea un espacio de posibilidad. Hay que resistir el impulso de resolver demasiado rápido. Moverse con la ambigüedad — pero incluyendo a otros, evitando que la ambigüedad se convierta en parálisis.

EXCEDENTES Y TESTIMONIO

Alguien que practica video-activismo explica que documentar no es un simple acto de registro. Al trabajar con migrantes, comenzó a ocuparse de los excedentes — de lo que queda atrás, de lo que no se cuenta, de lo que se excluye del relato oficial. Los excedentes, más allá de ser un concepto económico, representan a personas, historias, experiencias hechas invisibles.

En algún momento, ya no documentábamos fronteras — las fronteras nos atravesaron. El abismo entre la imagen filmada y la experiencia vivida se convirtió en el verdadero material. Nos convertimos en aquello con lo que trabajábamos.

Documentar participa en el acto de hacer mundo. Hace visibles a los actores borrados. Pero la documentación misma traza una frontera — entre este lado de la cámara y el otro. ¿Quién habla? ¿Quién escucha? ¿En beneficio de quién? Estas preguntas constituyen tanto el poder como la responsabilidad ética del testimonio. El concepto de "excedentes" es aquí mucho más que un término económico. Es cada experiencia, cada historia, cada persona excluida del relato oficial. El acto de recolectar — archivar, redistribuir — es una práctica realizada sin pretensión de autoría.

Recolectar no es apropiarse, sino transmitir. Y esta transmisión es en sí misma una transgresión fronteriza: fuerza los límites de lo que se considera valioso, de lo que es noticia, de quién tiene derecho a la palabra.

MAPAS INVERTIDOS

Una artista habla del efecto de invertir el mapa del mundo. África arriba, Europa abajo. La misma geografía — diferente respuesta del sistema nervioso. Esta inversión visual revela cuán artificial es nuestra división normalizada.

Plumas blancas en la entrada — suavidad, cuidado, inicio. Plumas negras en la salida — intensidad, final. Los visitantes avanzaban entre las plumas hacia las estrellas. La perspectiva cósmica volvía absurdas las fronteras.

La práctica artística no es la ilustración de conceptos. Es una forma de producción de conocimiento inaccesible por otros métodos. Mapas invertidos, instalaciones de plumas, registros de respiración — estos no son elecciones estéticas sino intervenciones epistemológicas.

Para una artista proveniente de una familia refugiada, la frontera nunca fue un concepto abstracto. Creció en Esmirna pero nunca fue completamente "de allí." La experiencia de desplazamiento que porta la familia recuerda constantemente la dimensión corporal de la frontera. En su obra "Strange Fruit" — nombre que cita la canción de Billie Holiday — invierte el mundo. El hemisferio sur arriba, el norte abajo. Es el mismo planeta pero cuando cambia la perspectiva, el sistema nervioso entra en shock. Nuestra jerarquía normalizada no es más que la elección cultural de la proyección Mercator. Trabajar en la frontera de diferentes modos de pensar: caminar, respirar, recolectar-testimoniar, invertir.

Todos formulan la misma pregunta: ¿Cuando las fronteras se desplazan, cómo conocemos de manera diferente?

ESO LLAMADO REPRESA DE SEGURIDAD

Alguien que camina en la línea de defensa de los Bosques del Norte sigue el rastro de las canteras, recorriendo los límites de la ciudad. Cuanta más piedra se extrae, más lejos se desplaza el límite. Todos somos cómplices de mover esa línea de extracción.

En la frontera Şırnak-Hakkari se han construido once represas — represas con cero función de gestión hídrica. Totalmente militares. El concepto de "represa de seguridad" no existe en la literatura mundial. Lo inventamos por casualidad.

El agua no conoce fronteras pero la frontera define el agua. Mientras las represas alteran el flujo del agua, también redefinen las condiciones de vida de todos los seres de la zona. Los límites ecológicos preceden y estructuran los límites políticos. No se puede separar el agua, la geología, la ecología de las fronteras políticas — las fronteras remodelan los ecosistemas. Un proyecto de laboratorio de agua viaja a diferentes regiones para reunir a actores locales — agricultores, ingenieros, activistas, investigadores — en torno a cuestiones hídricas. El papel de facilitador es importante: no ser experto sino crear el espacio para que diferentes personas piensen juntas sobre problemas comunes del agua.

La ruta de caminata se convierte en herramienta de monitoreo. Las fotografías de los participantes se convierten en documento colectivo de la transformación urbana. Caminata participativa contra planificación experta — democratización de la producción de conocimiento.

Pero el agua no es solo un problema de Estambul. Otra voz que realiza mapeo de justicia ambiental habla de una red global: India, América Latina, África, Balcanes. ¿Qué comunidades cargan con el peso ecológico del crecimiento económico? ¿A quién pertenecen los recursos? ¿Quién se beneficia, quién sufre? Los mapas por sí mismos crean diálogo — los activistas introducen datos, reencuadran sus propias luchas como parte de un patrón global. Este trabajo se dirige conscientemente del Norte al Sur y del Sur al Sur — no es una investigación extractiva que imponga las categorías del Norte. Los investigadores no estudian comunidades; ayudan a comunidades que ya se organizan a articular sus propios análisis. La producción de conocimiento se desplaza del extractivismo académico a una práctica centrada en el movimiento.

POSICIONARSE COMO POLVO DE ESTRELLAS

Alguien que se mudó a Mardin comienza su relato con la historia de un saltamontes. En la tradición chamánica, el salto del saltamontes señala un cambio de vida — bueno o malo, incierto. Se queda cuatro años. El salto sigue generando movimiento.

En el examen de docencia me preguntaron: '¿Cómo se posiciona usted?' La respuesta más honesta salió: 'Me posiciono como polvo de estrellas.' Mi práctica rechaza el posicionamiento fijo, está dispersa y es fundamental.

Esta dispersión no es una fuga sino una postura ética. Investiga la diferencia entre el duelo colectivo y vivir el duelo — diferentes lenguas, diferentes contextos, diferentes pueblos. Donde las palabras resultan insuficientes, comienza a recoger los sonidos de la respiración de personas que han experimentado trauma. Pero usar los registros respiratorios de otros no es ético al principio. La solución: primero grabar su propia respiración mientras habla de sus propias pérdidas con un psicólogo. Solo entonces surge la autorización para trabajar con las voces ajenas. Peligro, incomodidad, transgresión de límites — son necesarios para el crecimiento. Después de Gezi, esta persona deja la escuela privada y va a fundar la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Artuklu de Mardin.

Describe el miedo de separarse de Estambul con la metáfora del pez — pez sacado del agua. Pero en Uganda, Ruanda, en la parte trasera de un autobús sin suspensión, sintiendo directamente el suelo, presenciando la recuperación post-trauma, es donde más se siente "en casa." Esta "incomodidad" es más auténtica que la pertenencia basada en la seguridad. Hace mapas cifrados pero nunca los completa — mientras los mapas convencionales muestran coordenadas, los suyos muestran cómo un lugar se revela a través de la mirada, de la atención corporal.

En la frontera Eskişehir-Yenişehir dibuja durante ocho horas una gran superficie rocosa, mientras arriba suena un discurso de Erdoğan. El dibujo se convierte en mapa: hacia dónde mira cada punto, qué se ve en cada dirección — líneas eléctricas, antiguo cementerio armenio, una fortaleza abierta a unos y cerrada a otros. Presionar demasiado el lápiz abre un agujero en el papel — metáfora física de cómo la atención puede dañar.

¿DOCUMENTACIÓN O REPARACIÓN?

La pregunta más impactante de este encuentro es: ¿Solo estamos documentando o es posible una reparación? Quizá solo sea posible repararse a uno mismo — pero una auto-reparación colectiva requiere un salto evolutivo. Documentar no es pasivo — hace visibles a los actores borrados, participa en el acto de hacer mundo, corre el riesgo de transformar lo que registra. Pero ir más allá de la documentación, avanzar hacia rehacer el mundo — cómo sería eso aún no está claro. La pregunta queda abierta, y quizá deba quedarlo.

Los animales no conocen fronteras — el agua fluye bajo los muros. Si reconfiguramos la ecología con fronteras, transformamos todo.

En la discusión libre, una voz sugiere dejar de elogiar el cruce de fronteras y en cambio cuestionar la frontera misma. Los relatos de cruce fronterizo re-legitiman la frontera. La verdadera cuestión es recordar lo que era común antes de la frontera — el agua, la tierra, las prácticas. Este trabajo de memoria histórica desestabiliza la naturalidad de las fronteras.

Otra voz habla de cómo el género opera como frontera. Una modelo que deja de depilarse las piernas recibe amenazas de violación. Cuando cruzas ciertas fronteras, te encuentras con el poder que las protege. El poder quiere que permanezcas "legible," comprensible dentro de las categorías existentes. Los cuerpos se convierten en marcadores de frontera; rechazar la conformidad es un acto de rechazar la categorización.

Las voces reunidas en este encuentro, aunque provienen de distintas disciplinas, convergen en una pregunta común: ¿Cómo podemos comprender las fronteras sin naturalizarlas? Sin romantizar el cruce fronterizo, sin idealizar la ausencia de fronteras, aceptando la realidad de que la frontera tanto protege como restringe. Algunas fronteras nos protegen, algunas nos hacen pensar, algunas restringen injustamente. La distinción entre fronteras impuestas y fronteras elegidas es importante. El investigador traza fronteras analíticas para comprender — pero no confunde estas fronteras analíticas con las fronteras vividas. Distinguir cuál es cuál es una práctica continua.

Me sentía solo/a. Este encuentro rompe la soledad y muestra que se realizan trabajos paralelos en diferentes disciplinas. No tenemos que hacer esto solos.

Una voz habla del deseo de colaboración: la emoción de combinar lo que uno ha recolectado de manera dispersa con lo que otros recolectaron de formas diferentes, de transformar juntas estas colecciones. Otra quiere dialogar sobre cómo opera el poder estatal a través del agua y las represas. Otra más pregunta cómo las fronteras interiorizadas configuran lo que vemos como posible. Cada voz presenta su práctica como una propuesta — no como respuesta sino como invitación al pensamiento colectivo.

La energía de este encuentro sobre fronteras es una energía de ambigüedad productiva — dirigida a profundizar las preguntas más que a resolverlas, a permanecer en la curiosidad más que a prescribir recetas. Los participantes expresan el alivio de encontrar a otros que formulan preguntas similares en campos aparentemente distantes. Ninguna disciplina es suficiente por sí sola. Comprender las fronteras requiere simultáneamente modos corporales, artísticos, activistas, académicos y afectivos.

El compromiso ético subyacente es claro: hacer visible a lo largo de las fronteras, testimoniar y mantener una práctica de solidaridad — prestando atención a cómo nuestras propias prácticas documentales pueden reescribir las fronteras que intentamos comprender.